martes, 20 de febrero de 2007

La COPE miente hasta en los deportes

Desde que uno empieza, en su infancia, a tener un cierto uso de razón y a pensar por sí mismo, comienza a establecer una cierta correspondencia entre religión y patraña. Servidor se ha educado en un colegio no religioso, del que por cierto está muy orgulloso y del que guarda muy agradables recuerdos. Pero como vivíamos entonces en el lado oscuro de la dictadura (uno pasa de la cincuentena, aunque muy bien llevados) teníamos año tras año una asignatura llamada religión (católica, por supuesto) que nos impartía un orondo y trabucaire mosén que atendía al nombre de D.Emiliano. Puede que fuera D.Emiliano muy docto en materias teologales, que lo dudo, pero desde luego no era nada diestro en lo que ha pedgogía se refiere, si es que en algún momento se planteó el introducirnos en los arcanos del catolicismo. Las respuestas a nuestras, inicialmente, inocentes y posteriormente, más que capciosas preguntas, eran permanente contestadas o bien con enormes castigos amanuenses del tipo de copiar diez miel veces "no volveré a preguntar tonterías",castigos que por otra parte nadie llegó a cumplir sino en una mínima expresion, o bien, cuando las preguntas eran algo más incisivas, y sobre todo si tenían algo que ver con la castidad,las respuestas se solventaban con acciones directamente relacionadas con su condición masculina oculta bajo las faldas de su sotana, los atributos que entre las piernas que implicaba tener tal condición, y la capacidad derivada de esa masculina condición de ponernos la cara como un mapa a base de repartirnos obleas debidamente consagradas. Esta última opción era la preferida por la chiquillería que poblaba el aula, dado que además las amenazas solían ir acompañadas de toda clase de exabruptos y palabrotas, impropias de alguien que desempeñaba tan sagrado ministerio. Estas sonoras interjecciones generaban una barahunda de alaridos, silbidos, abucheos y lanzamientos de toda clase de objetos;gomas, pelotillas, lapiceros, etc...Generalmente tan hilarantes y divertidos momentos solían terminar con la aparición del director, o del jefe de estudios,provisto con una estaca de madera del calibre 133, con las que nos calentaba, uno por uno, ambas manos.
Quiere decirse que durante mi infancia y parte de la adolescencia, y teniendo en cuenta que mi familia era de las llamadas de la "cáscara amarga" la religión fue un divertimento, algo que tenía para mi la misma etiqueta que el circo o un buen humorista.
A medida que fui creciendo, espiritualmente, porque físicamente nunca pasé del 1,62, comprobe que aquella relación entre religión y camelo no obedecía a una casualidad, o a un deseo de hacernos la infancia más entretenida, sino que la mentira, la falacia, era el instrumento que utilizaban las autoridades religiosas, para colaborar a perpetuar en lo alto de la escala social a las clases pudientes. Y más adelante pude comprobar, estupefacto, que podíamos dividir a los curas en dos clases: una minoría que se cree el mensaje que transmite, y una mayoría que hace tiempo que dejo de creer en él. Los primeros se colocan indefectiblemente del lado de los pobres y los oprimidos, acaban enfrentándose a su propia jeraquía, y muchos de ellos acaban perdiendo la fe, despues de atravesar una grave crisis personal. Sin embargo, los segundos van perfeccionando sus métodos de mentir, avanzan en la escala social, obtienen purpurados y capelos y gozan de un notable poder.
En los tiempos de mi infancia, que he relatado al principio, para propagar sus mentiras utilizaban no sólo el púlpito, sino los medios de comunicación, prensa, radio y posteriormente televisión, que el régimen del nacional-catolicismo ponía a su disposición.
Con le desaparición de la censura, y habiendo medios de comunicación que podían decir lo que querían, necesitó la Conferencia Episcopal Española (CEE) un medio de comunicación potente, y utilizando unas pequeñas emisoras de ámbito local, o, regional llamadas Radio Popular (o tambien Radio Bonete), crearon la COPE (Cadena de Ondas Populares de España).
Desde su nacimiento fue la COPE el refugio de todo tipo de periodistas escandalosos y barriobajeros del tipo de Encarna Sánchez o José Mª García, ganó cierto prestigio con el periodista Luis del Olmo y su programa "Protagonistas". Pero desde el fichaje de personajes como Federico Jiménez Losantos (Fedeguico el glande) y César Vidal, la deriva hacia la mentira, la calumnia y la infamia, por no hablar de los llamamientos al golpismo, ha sido tal que,el tridente formado por FJL, Vidal y Cristina López-Schilling, ha conseguido superar con mucho los momentos más brillantes de Urdaci.
Y de tal manera se han instalado en la mentira, utilizan con tal profusión la aberrante práctica de no contrastar suficientemente una noticia, que ayer, cuando por todas las redacciones, circuló el rumor de la dimisión de Fabio Capello, el único medio que lo recogió fueron ellos. Inmediatamente todos los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia anteponiendo el latiguillo de:" La cadena COPE ha dado la noticia de...".
Si ni con los deportes son capaces de decir la verdad, como para creerse lo que dicen cuando rezan el Angelus. Felix qui potuit rerum cognoscere causas.

1 comentario:

J. G Centeno dijo...

Como vuelve a mentir, esta misma mañana, con la foto que uno de las abogados ha intentado colocar como verdadera siendo falsa os recomiendo que entreis en el blog "LA ERA ZP" http://laerazp.blogspot.com